Amamos leer

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domingo, 16 de septiembre de 2018

Para eso son los amigos...

 

Para eso son los amigos, una hermosa historia de Valeri Gorvachev en la cual cabra se levanta feliz y ansiosa un domingo, pues esa noche había sido invitado a cenar a casa de su amigo y vecino cerdo. Sin embargo, queda muy preocupada porque ve desde su ventana a cerdo hecho un mar de lágrimas y no sabe qué le ha pasado. De una empieza a lucubrar  qué sería lo que le pasó a cerdo e idea qué hacer para ayudarlo: le busca una camisa nueva pensando que quizá se le quemó la de él. Le preparó una tarta de repollo porque quizá le robaron la que había cocinado. Y así planea tantas formas de ayudarlo. Cuando llega a casa de cerdo, éste le dice que porque llegó tan temprano a cenar y allí descubre la verdadera razón de porque cerdo lloraba.
Acá te dejamos un juego para imprimir y comprender mejor la historiadora

jueves, 16 de noviembre de 2017

La Nigua

No conozco las llamadas niguas, pertenezco a la generación de niños enzapatados. A nuestra generación no nos dejaban andar descalzos, ni desnudos. Siempre con ropa y zapatos en casas con pisos encementados. Pero, contaba mi madre que en su infancia, la casa de la abuela era de bahareque, con piso de tierra y un patio gigantesco lleno de plantas de mango, cambur, mamoncillos, granadas, plátanos, guayabas, caimitos, guayabitas del Perú, tamarindos y una cantidad de frutas de las que hablaba mi madre y que nunca conocí. No sé si la ciencia lleva un registro de plantas extintas o si eso no existe pero de acuerdo con las descripciones que hacía mi mamá de esas frutas, aún no he logrado saber si en otros países existen o si en verdad se extinguieron.
El caso es que en ese medio rural de su infancia, contaba que era muy común que los pies se llenaran de niguas, una especie de parásitos como los piojos o las garrapatas pero éstos se incrustaban en la piel de los pies y hacían bulbos de agua en ellos y tocaba extirparlos y sacar al parásito, tenían un vecino que no se las sacaba y casi no podía caminar.
En las vueltas que da la vida, un amigo está leyendo un libro que llamó mi atención: "Tratado de las cosas humildes" de un escritor colombiano llamado Gilberto Gallego Rojas. El libro contiene un texto titulado Bendita sean las niguas. Y, a continuación, comparto parte del texto que me trajo a la memoria los buenos cuentos de mi madre, gran conversadora de quien no heredé la charla, lamentablemente.
Hoy me he ratificado una vez más en un concepto aparentemente simple: que no hay deleite tan barato y tan sabroso  como el de rascarse una nigua. Claro que hablo de rascarse "con cierto ritmo y en cierta proporción", pues de lo contrario, lo que debe ser gozo y satisfacción del dedo o del jarrete se convierte en tormento y suplicio del jarrete o del dedo. Veo esto sin dificultad de abstracción, ahora cuando he amanecido con un puntico de candela en el ribete del dedo gordo. Trato de calcular la profundidad a que se halla y lo que tardará en adquirir la apariencia de una bola de cristal. Mis dedos vuelan acariciantes sobre el punto "neurálgico" y hay en el pie una deliciosa sensación de tibieza somnolienta. ¡¡¡Caramba!!! ¡La que se pierden los nenes de los ricos por vivir embotinados y por no revolver polveros subterráneos! La infinita dicha de tener una nigua, principio y fin de todas las jarreteras... ¡¡¡Pobrecitos ellos, con dinero pero sin infancia!!!
Porque eso tan bello -la infancia- es un mundo poblado de voces. Voz de la campana escolar, voz de los pájaros en los árboles agobiados de frutos; voz del río acostado que pasa llevando las voces del monte paterno; voz del zumbido del trompo bailarín en los corrillos del recreo; voz monótona de la pila que monologa en la placita, dormida en la modorra del mediodía; voz agria de la correa del padre enojado por nuestra deserción a las mangas; voz del lazo oloroso a establo cuando caía sobre los cuernos adolescentes de los terneros lunarejos. Voces, voces, infinidad de voces que cruzan ese mundo de inefable ternura, y que al paso de los días se van hundiendo en el alma para acendrar en ella la miel y el murmullo de los más caros recuerdos.
(...)

En el párrafo que sigo lo relaciono con ese hermoso poema de Antonio Machado: "Las moscas":

Las niguas, tan democráticas, tan consoladoras, tan provocadoras de la meditación que es filosofía, han sido siempre infortunadas. Tanto que los grandes  cantores de la niñez desdeñan mencionarlas. Barba Jacob, por ejemplo, en uno de sus más estremecidos poemas en que regresa a la contemplación de su niñez, exclama esta exclamación (sic) que se clava en el corazón como un dardo de añoranza incurable:
                                   "¡Oh, quién pudiera, de niñez temblando,
                                   a un alba de inocencia renacer!"
Pienso yo qué bien hibiérale quedado -y qué justo_ exclamar en el mismo metro y con la misma emoción:
                                  "¡Oh, quién pudiera de nigûez gozando
                                  el forro de un colchón romper, romper..."

Un libro raro, pero hermoso, un libro que nos muestra el alma de un hombre sencillo y noble de esos que anhelamos tropezarnos en la vida, un libro que elogia los ruidos, no los estridentes y apabullantes de hoy, sino esos diminutos y fraternos; un libro que elogia la candidez de la niñez, de la vida...

domingo, 14 de junio de 2015

OBRAS DE TÍTERES

Una de Cochinos



"Una de cochinos" es una de las tantas y tantas historias de cerditos que hay en el planeta de los cuentos.  Está basado en el cuento “EL PUERQUITO MÁS FELIZ” del escritor colombiano Triunfo Arciniegas.  La historia trata de un puerquito nada puerco, más bien es pulcro, educado y muy inteligente y de cómo se desarrolla una historia de amor muy filosófica.


VOZ EN OFF:
Los COCHINITOS han estado desde siempre en nuestros cuentos.  ¿Quién no ha oído aquella historia de los tres cerditos y el lobo?
Aquí no vamos a oír esa historia porque ya todos la conocen y sería muy aburrido hablar de algo que ya saben, ¿cierto? Aquí vamos a contar unas historias de unos cerdos que se las traen…

(Aparece un cerdito cantando rock y bañándose)
Jerónimo:
-No hay nada mejor que un buen baño con agua caliente en la mañanita y un buen jabón para quitarse los malos olores de la cama. ¿Seguro que aquí hay más de uno que no se baña desde anteayer? Guácala, puedo sentir el olor a alitas muertas.

(Sale del baño, se perfuma y se pone una flor roja detrás de la oreja.

-Debo ir a comprar jabón porque ya se me acabó. Debo andar siempre oloroso porque aquel cuento de que los cochinos somos cochinos es ¡FALSO! ¿O ustedes también piensan que los cochinos olemos mal? Bueno, bueno, mejor no me respondan porque yo pudiera decirles que pienso lo mismo de ustedes.

(Se cierra el telón)
(Se abre y aparece el cerdito que se monta en un bus y se queda mirando una bella cochinita que iba a su lado)

Jerónimo: (Carraspea) -¡Buenos días hermosa dama!
Lorenza: (Muy coqueta) -¡Buenos días caballero!
Jerónimo: -¿Cómo te llamas?

Lorenza: -Lorenza, ¿Y tú?

Jerónimo: -Jerónimo de Jesús Sánchez Restrepo, a su servicio.

Lorenza: -Bueno, hasta luego porque aquí me quedo.

Jerónimo: -¡Adiós, muñeca!

(Jerónimo se quedó suspirando)
(Pasan los días.  Jerónimo se vuelve a encontrar con Lorenza en la parada)

Jerónimo: -¡Hola Lorencita! ¿Cómo te va?
Lorenza: -¡Uy, Jerónimo, te echaste todo el frasco de perfume encima!
Jerónimo: -¿Adónde vas?
Lorenza: -A visitar una amiga.
Jerónimo: -¿Por qué no me acompañas al almacén de don Toribio que voy a comprar jabón?
Lorenza: -¿Jabón? ¿Y para qué?
Jerónimo: -¿Cómo para qué? Para estar limpio, ¿acaso tú no usas jabón?
(Lorenza se hizo la loca)

Lorenza: -¿Por qué pintarían así ese edificio?
Jerónimo:
-Sí, hazte la loca.
Lorenza:-Está bien, te acompaño al almacén.

(Llegan al almacén)
Jerónimo:
-¡Hola Toribio! ¿Cómo amanece?
Toribio:
-Hola, Doctor. Aquí tiene su jabón, se lo preparé yo mismo.

(Saca un inmenso jabón de lavanda que decía: Jerónimo Sánchez, doctor en filosofía.

 



Lorenza: -¡DOCTOR EN FILOSOFÍA! Miércoles. No me habías dicho nadita de nada. ¿Dónde aprendiste a ser doctor?
Jerónimo:
-Con mi mamá, mi mamá me enseñó esta pensadora. Si te provoca te la enseño.

(Otro escenario)
Jerónimo:
-A ver Lorencita, ¿qué decía Hegel con respecto a la existencia?
Lorenza:
-Yo que voy a saber
Jerónimo:
-¿Y Kant? ¿Y Platón?
Lorenza:
-¡Basta Jerónimo! (¿Yo para que me metería en este berenjenal?) No quiero saber nada de filósofos ni de viejos barbudos sin oficio.
Jerónimo:
-¿Cómo te atreves Lorenza a insultar al intelecto?
Lorenza:
-No más, no más. Me vuelves loca con tanto nombre raro.
Jerónimo:
-No hagamos más filosofía. ¡Hagamos otra cosa! (y se le fue encima)
(Lorenza apenada)
-¿Qué te provoca que hagamos?
Jerónimo:
-Trotemos.
Lorenza:
-¿Y eso para qué?
Jerónimo:
-Para mantenernos en forma o conservar la línea, como dicen. De paso tomamos aire puro y vemos pasar los pájaros.
Lorenza:
-¡Qué barbaridad! (Lorenza se agarró la cabeza con las pezuñitas) ¿Cuándo has visto tú una puerquita flaca?
Jerónimo:
-Tú serás la primera.
Lorenza:
-¿Flaca yo? Ni loca.

(Se ve cuando pasa Jerónimo trotando feliz y Lorenza atrás sudando la gota gorda)

Lorenza:
-No sería mejor tomar un taxi, ya estoy borracha de tanto darle vueltas y vueltas a los mismos árboles.
-Basta Jerónimo, estoy cansada…
-¡Auxilio, me desmayo!
-Me niego a seguir en esto. Ahora sí que me enojé

(Jerónimo la ignora)
Jerónimo:
-Mira lo que te traje mi amor (y saca un collar de perlas y se lo pone)
Lorenza:
-Gracias corazón, ¡está precioso!
Jerónimo:
-Es para recompensarte por el esfuerzo de ponerte linda para mí. Ahora sigamos trotando.

(Y arranca a correr, Lorenza lo hace detrás de él pero se enreda con el collar y se cae)
Lorenza:
-¡Aaayyyyyy! Jerónimo condenado, si no fuera porque me gusta tanto ni muerta sigo en esta corredera. (Se quita el collar).

(Hablando por teléfono)
Jerónimo:
-Lorencita de mi vida, te invito a bailar, paso por ti a las ocho para que vayamos a la disco.
(Bailan)
Jerónimo:
-Lorencita de mi vida, te invito al cine, paso por ti a las seis para que vayamos a ver Harry Potter.
Jerónimo:
-Lorencita de mi vida, te invito a comer, paso por ti a las ocho para que vayamos a cenar.
Lorenza:
-Pero que no sea cochino frito, ni morcillas, ni costillitas agridulces porque ofenden mí existir.
Jerónimo:
-Está bien mi amor.

(Esa noche en la cena)
 
Jerónimo:
-Lorencita, ¿quisieras casarte conmigo? (Saca un estuche con un anillo)
Lorenza:
-Déjame pensarlo. (Se pone la pezuña en la cabeza) Si

(Se besan)
(Se casan)
Cura:
-Lorenza de la Inmaculada Concepción Fernández, ¿aceptas como esposo a Jerónimo de Jesús Sánchez Restrepo para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
Lorenza:
-Sí, acepto.
Cura:
-Jerónimo de Jesús Sánchez Restrepo, ¿aceptas como esposa a Lorenza de la Inmaculada Concepción Fernández para amarla y respetarla hasta que la muerte los separe?
Jerónimo:
-Sí, la acepto.
Cura:
-Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
(Al tiempo se ve a Lorenza embarazada)
(Nace el primer cerdito)
Lorenza:
-¡Uaahhh! (Puja y grita)
Jerónimo:
-Le pondremos René.

(Al tiempo se ve de nuevo a Lorenza embarazada)
(Nace el segundo cerdito)
Lorenza:
-¡Uaahhh! (Puja y grita)
Jerónimo:
-Le pondremos Pepa.

(Al tiempo se ve otra vez a Lorenza embarazada)
(Nace el tercer cerdito)
Lorenza:
-¡Uaahhh! (Puja y grita)
Jerónimo:
-Le pondremos León.

(Salen los tres cerditos jugando escandalosamente)
(Jerónimo se ve notoriamente más maduro, con bigotes, con lentes, con canas)
Jerónimo:
-Amárrales la trompa que tengo que preparar una lección sobre Hegel.
Lorenza:
-Vengan mis pequeñitos bellos, vamos a dormir.

(Les puso el pijama y les cantó)

Lorenza:
Los cochinitos ya están en la cama
Muchos besitos les dio su mamá
Desde temprano ya están en pijamas
Muy quietecitos los tres soñaran.

Uno soñaba que era un Rey
Y de repente quiso un pastel
Su gran Ministro le hizo traer
Quinientos pasteles solo para él.

Los cochinitos ya están en la cama
Muchos besitos les dio su mamá
Desde temprano ya están en pijamas
Muy quietecitos los tres soñaran.

El otro soñaba que en la mar
Tenía una barca y quiso remar,
Pero al momento de desembarcar
Se cayó de la cama y se puso a llorar.

Los cochinitos ya están en la cama
Muchos besitos les dio su mamá
Desde temprano ya están en pijamas
Muy quietecitos los tres soñaran.

El más chiquito de los tres
Un cochinito lindo y cortes
Ese soñaba con trabajar
Para ayudar a su buena mamá.
Los cochinitos ya están en la cama
Muchos besitos les dio su mamá
Desde temprano ya están en pijamas
Muy quietecitos los tres soñaran.

(Los tres cochinitos se durmieron)

Lorenza:
-¿Verdad Jerónimo que tenemos una familia hermosa?
Jerónimo:
-¡Claro que si mi vida!

(Se besan)