Amamos leer
miércoles, 31 de octubre de 2012
...aprovecha de leerle a los niños cuentos de terror
Acá te dejó una famosa leyenda tachirense de amor y terror recopilada y escrita por Lolita Robles de Mora
ENCUENTRO EN EL BAR DE LAS AMÉRICAS.
Marisa, una muchacha alegre y deportista, se pasaba andando en bicicleta por los alrededores de la plaza del Rotary Club de Rubio. Una noche conoció a Gerardo y se enamoró.
Un grupo de estudiantes salió un sábado, antes de las vacaciones de Navidad. Habían organizado una fiesta pro-graduación en el Bar Las Ámericas. Desde las siete de la noche comenzaron a llegar muchachas y muchachos. Pronto la fiesta estuvo animada y numerosas parejas bailaban en la pista.
Gerardo, un joven oriental, alto y moreno, deambulaba de mesa en mesa, conversando y gastando bromas. Por último, se sentó en un rincón y hablaban animadamente. Una joven de ojos melados y cabello castaño estaba a su lado. De vez en cuando bailaban, y él, alegre, hacía figuras y pases que eran el asombro de sus amigos, pues lo consideraban un muchacho tímido. Bailaba suelto o pegado, caminaba de acá para allá y parecía enamorar a alguien. Sus compañeros creían que estaba bajo los efectos del alcohol, posiblemente Gerardo se había pasado de tragos, por eso hablaba solo, gesticulaba y bailaba; ellos no veían a la bella joven que lo acompañaba.
A las tres de la madrugada dejó a un lado a la muchacha y dijo a sus compañeros:
- Ahora vengo, voy a acompañar a Marisa a su casa. No me tardo mucho, espérenme.
Sus amigos lo creyeron borracho y se rieron. Él abrazó a Marisa y salieron del local.
Tomados de las manos unas veces, otras abrazados, cruzaron a Rubio hasta llegar a la placita del Rotary. Se besaron repetidas veces y él, galante, se quitó el saco y se lo colocó a Marisa para protegerla del frío. Se despidieron con un "¡Hasta mañana, mi amor!". Y Gerardo regresa al lugar donde estaban sus amigos.
Al verlo le gastaron bromas y él se sonreía lleno de felicidad. Se había enamorado.
El domingo después del almuerzo resolvió salir a visitar a su amada.
A pasos largos recorrió las calles de Rubio hasta llegar a la plaza del Rotary Club. Decidido se dirigió a la casa y llamó. A los pocos minutos una señora de edad mediana abrió la puerta.
- ¡Buenas tardes! -dijo.
- Buenas tardes, joven ¿qué desea?
- ¿Está Marisa?
- ¡Marisa! -exclamó la señora con asombro.
- Si, Marisa, ella vive aquí, ¿verdad?
- Por favor pase y siéntese, ya vengo, -y se perdió en el interior de la casa.
- Al poco rato regresó con una fotografía que le mostró a Gerardo al momento que preguntaba: - ¿Es ella?
- Si, por favor llámela.
- Lo siento, joven, pero no puedo llamarla. Ella no está aquí.
- Imposible, anoche yo la deje aquí, nos despedimos en la puerta.
- No, no está, -y comenzó a llorar.
- Gerardo, inquieto, inquirió:
- ¿Qué ocurre? Me parece muy raro que Marisa no se encuentre en la casa si hace unas horas yo la acompañé hasta aquí. Por el camino me dijo que tenía frío y me quité el saco y se lo puse. ¿Le pasó algo?
- Tranquilícese, joven, tome con calma lo que le voy a decir...
- Mi hija Marisa ya no está en este mundo. Murió atropellada por un automóvil cuando paseaba en bicicleta por los alrededores de la plaza.
- ¿Dice que murió....? -Balbucea Gerardo impresionado.
- Si acompáñame al cementerio y visitaremos su tumba.
- Seguidamente se levantaron y caminaron hasta llegar a la cuesta del cementerio. Gerardo seguía a la mamá de Marisa como si estuviera sonámbulo. La impresión recibida fue tan grande que no podía reaccionar, no salía del estupor, creía estar soñando.
- La señora se detuvo al final de un sendero. Y allí sobre una tumba de mármol blanco, estaba su chaqueta.
- ¡Esta es la tumba!
- Si, -dijo Gerardo, como si estuviera ausente. Fijó sus ojos en la lápida y al comprobar que sobre ella estaba su chaqueta exclamó horrorizado:
- ¡No puede ser...! ¡No puede ser...! Pero..., es mi saco...!
- ¡Marisa...., Marisa....! - retrocedió espantado y cayó desmayado.
- Toda la ciudad supo la historia y hasta los periódicos locales comentaron el romance de Gerardo y Marisa.
- Han pasado los años y Gerardo sigue amando a Marisa. En su locura repite su nombre y sonríe.
domingo, 28 de octubre de 2012
(Proyecto de promoción de lectura del Servicio Comunitario)
El rincón del Cuento de la Biblioteca Pública de Rubio.
Organización de las Cajas Viajeras.
En plena faena de promoción.
domingo, 11 de marzo de 2012
Confesiones sobre la Literatura Infantil.

En esta oportunidad quiero traer a colación algunas confesiones realizadas por mis estudiantes de Taller Literario. Confesiones que resultan interesantes pues revelan la postura de muchos o de casi todos. Incluso, para los lectores asiduos, profesores de literatura, para quienes la Literatura Infantil era literatura de segunda, marginada por ser infantil, valga la acotación popular: "Infantiloide".
Sin embargo, cuando la persona se adentra verdaderamente y con espíritu abierto a la Literatura Infantil descubre un mundo de sutilezas, de sensibilidades impresionantes que nos hacen reir, vivir, llorar y estremecernos como lo haríamos con cualquier otro buen libro.
He aquí la confesión de una gran lectora: Alba Aurora Sanabria.
Principalmente, he de aceptar, que hasta hace poco no leía literatura infantil, pues consideraba, y lo reconozco, que no era interesante, sobre todo, porque trabajo con adolescentes. Sin embargo, un día escuché de la voz de una de mis docentes “El Cocuyo y la Mora” -de quien en este momento no recuerdo el autor- y, confieso, me atrapó. Me atrapó, sí, la historia, los personajes, el drama de la mora. Me atrapó la voz de mi profesora, la pasión que colocaba en cada frase, el sentimiento que le daba. Entonces, imaginé. Imaginé a uno de mis adolescentes identificándose con la pobre morita o en los zapatos del cocuyo y sintiéndose como yo “atrapado”. Lo entendí, la literatura infantil también habla y tiene mucho por contar, es cuestión de sentarse a escucharla.
Llegar a un libro exige motivación. En definitiva, la mía me la dio mi profesora y la vocación que percibí en lo que ella hacia; nos leía, y vivía cada momento de la lectura. Así se lee, sintiendo, generando ese ambiente que se confunde entre reflexionar, analizar, y despertar sentimientos. ¿Logró todo eso empleando un libro de literatura infantil? Sí. Valía la pena conocerla. Porque esa es también la labor del docente y más aún del promotor; conocer, descubrir, aprender y aprehender, escuchar para acabar prejuicios y continuar hasta alcanzar la meta que se propone: Acercar a la lectura.
Una vez que inicié la lectura de literatura infantil reflexione que el placer por leer para niños se transmite a través de estrategias como la lectura oral, la narración y la dramatización. Enamorar a un niño del libro implica acercárselo, dejar que lo toque, que lo sienta como algo suyo y enseñarle el valor que representa. La autoestima, la autonomía y la creatividad son esenciales en la vida de todo ser humano. Pues bien, las mismas son fortalecidas por medio del hábito lector y la literatura infantil nos ofrece una gama de títulos que sirven de herramienta para aquel que se propone motivar la lectura; bien sea, padre, madre, maestro, promotor de lectura.
Alba Aurora Sanabria
sábado, 23 de octubre de 2010
El Cielo

El cielo, es un precioso cuento de Nicholas Allan, publicado por Ekaré en 1998, constituye una verdadera joya de la literatura infantil. Se trata de un perro que en el momento exacto de partir hacia la muerte, llega su dueña -una pequeña niña- y le pregunta ¿a dónde va?
No es fácil explicarle a la niña que se va al cielo porque ella aún no entiende muy bien esto de morirse.
Los ángeles perrunos le conceden 5 minutos para despedirse y comienza la chica a preguntar cómo será el cielo. Cada uno da su perspectiva desde su visión del mundo y finalmente la triste despedida.
Recomiendo esta historia por la sencillez y el humor con que trata el tema, por la sensibilidad que despierta, por la belleza de sus imágenes.




